La organización del trabajo, clave del socialismo posible en nuestro tiempo

Dr. Humberto Quiroga Lavié

Lo decíamos en nuestra intervención de Caracas hace dos años. Fue Saint Simón, impropiamente llamado un socialista utópico, quien le manifestó a Carlos Marx que, si bien él era el máximo teórico sobre el comunismo, también el máximo y profundo descriptor del funcionamiento del capitalismo, a partir de haber escrito “El Capital”, su sapiencia quedaría en la nada, si no precisaba como haría posible el socialismo, si se desentendía de la técnica y la ciencia, y se quedaba solamente en formulaciones teóricas.
mann Weber, hemos comprobado que el operador de la revolución socialista bolchevique, no su teórico principal, como lo fue Lenin, tuvo que ir dejando de lado todos los principismos teóricos, frente a la realidad del ejercicio del poder, confesando que si no hacía eso el poder bolchevique desaparecería. Yeso fue lo que ocurrió en la Rusia comandada por Lenín, en vez de la dictadura del proletariado lo que hizo Lenin fue instalar la dictadura de una elite burocrática partidaria que terminó oprimiendo a los trabajadores. Es que los trabajadores no sabían gobernar desde la horizontalidad democrática predicada por Carlos Marx, es decir no se podía un socialismo sin Estado gobernado por los trabajadores. Y al no saber gobernar, a Lenín no le quedó más remedio que contratar a trabajadores especializados, con salarios superiores a lo que ganaban los demás, de forma tal de instalar y consolidar los vicios de la dominación burocrática, verticalista y paralizante, aquella que con tanta precisión tipificara Max Weber en sus estudios sobre la dominación política. Lenin, en definitiva, no hizo otra cosa que preparar el camino para la instalación del stalinismo, una brutal dictadura de un conductor ejemónico, con la diferencia con Lenin en que éste siempre objetó el culto de la personalidad, y vivió en la pobreza, cosa que no hizo Stalin.

Tuvo que terminar la Segunda Guerrra Mundial y encontrarse Japón en circunstancias cruciales de su historia. Después del holocausto nuclear. De modo tal que de la mano de un General extranjero, pero bien intencionado, como lo fue Mac Artur, y frente al requerimiento de los empresarios, que le pidieron consejo en tal sentido, se produjo el arribo a ese país de un matemático humanista, no otro que Edward Deming, quien si era cierto que sabía mucho de estadísticas, mucho más sabía sobre la naturaleza humana, es decir cual era la motivación de los trabajadores para crear producción real y no teórica. La receta de Deming no fue otra que bajar un modelo de organización del trabajo a partir de la activa participación horizontal y democrática de los trabajadores a ha hora de visualizar los problemas existentes en las plantas de producción, generadores de ineficiencia, y de mayores costos, por supuesto.

Hay toda una historia, que cuenta el miso Deming cuando relata su experiencia japonesa, sobre el teatro con que se encontró en sus reuniones con la dirigencia empresarial y política japonesa. De cara a los Directores de empresa , Deming les preguntaba si ellos sabían soldar módulos determinados, y cuanto tiempo demoraban, a lo cual los Directores o Propietarios de las empresas contestaban indignados que su función no era esa, que no lo sabían, que para eso estaban los especialistas. Por eso su empresa no es competitiva, les respondió Deming, Ud. nunca pdrá lograr prosperidad en su empresa. Luego les preguntaba donde estaban los trabajadores en la reunión, y cuando le dijeron que esas reuniones no eran para trabajadores, pues entonces Deming les dijo, bien, entonces me voy. Al final los empresarios no tuvieron más remedio que acceder a los pedidos de Deming, eso ocurrió cuatro años despues, a su vuelta al Japon, luego de volver a los Estados Unidos desalentado y vuelto a convocar por los mismos empresarios, viendo que no salían de su impotencia productiva. Observamos que lo mismo le pasó a Lenin, que hasta acepto formas de propiedad privada para poder sustentar el ejercicio del poder por parte del Partido, y no perderlo. Lo que pasa es que tampoco Lenin tenía técnicas de organización del trabajo democráticas, sino al contrario, no se le ocurrió otra cosa que la consolidación de la dominación burocrática del partido sobre su pueblo trabajador.

Es así como nació lo que se conoce como “Gestión de calidad”, a partir de medir los tiempos muertos del trabajo en fábrica, los útiles, y poner en funcionamiento un sistema que se basa en tres principios fundamentales, a saber:

I. MIRAR LO QUE NO VEO, que es una receta no solamente válida para un grupo de trabajadores en un taller, sino para cualquier relación humana: la pareja en su convivencia diaria, las relaciones paterno filiales, los dirigentes políticos con sus dirigidos, los vecinos de los barrios para solucionar los problemas comunes. Ese “mirar lo que no veo”, puede modalizarse del siguiente modo:

l.l. Con una suficiente comprensión del proyecto de trabajo y de los problemas que generan inconvenientes.

1.2. Con la participación activa de todos los integrantes del grupo, en una forma igualitaria, para poder conseguir la auto estima de cada participante, en las múltiples oportunidades en que el más humilde y poco apreciado compañero, es el que, con sorpresa para todos, da la sugerencia salvadora.

1.3. Con la identificación de la necesidad o el problema a solucionar, tanto los internos del grupo, como los de los destinatarios externos de la tarea, es decir los clientes o usuarios, según sean organizaciones privadas o públicas las que están operando con el método. Es decir que de lo que se trata es de identificar la necesidad de cambio, para poder darle solución entre todos.

1.4. Con el compromiso auténtico con el proyecto, lo cual logra algo muy importante en la vida de los hombres: la felicidad de cada uno, al sentirse útil y reconocido por todos. Estamos en presencia de un cambio ético de enorme importancia.

II: LA MEJORA CONTINUA: esto significa que no hay remedios mágicos, que una vez conseguidos unos resultados, hagan bajar los brazos. Los problemas son diarios y cambiantes, porque la vida no es un formalismo, sino “una forma abierta por donde transcurre la existencia”. Esa definición la utilizo Herman Heller para definir lo que era la Constitución de un Estado. Esa forma abierta por la cual pasa la vida, no un formalismo dogmático que genera más problemas en vez de solucionarlos. Bien sabemos los latinoamericanos que esa es la realidad de nuestro sistema procesal, donde los juicios duran un tiempo increíble, a partir del postulado dura lex est lex. El derecho administrativo lo sufre tanto que hemos escrito alguna vez “VIDA, PASION Y MUERTE DEL DERECHO ADMINISTRATIVO, A LA BUSQUEDA DE SU RESURRECCIÓN”. Cuanta rabia les ha dado a los administrativistas este pensamiento, que no hace otra cosa que desnudarlos, pues la realidad es que la verdad de lo que estamos diciendo surge del hecho de que, cuando los trabajadores quieren hacer huelga, apelan a trabajar a reglamento administrativo. ¡Qué paradoja, exactamente lo contrario de lo que ocurre con el código biológico, que si se cumple la gente está sana y cuando no se cumple es cuando te enfermas. Con el derecho administrativo ocurre exactamente lo contrario: los procesalistas y los administrativistas ni se ocupan del problema, poniendo de manifiesto que no les importa la eficiencia como técnica social de hacer justicia, sino la ineficiencia de la Justicia o de la Administración, en benefecio de sus intereses profesionales, como abogados de empresa, pero no de la sociedad.

La mejora continua implica los siguientes pasos que pasamos a enunciar:

2.l. Planificar: sin plan de trabajo hay anarquía

2.2. Hacer: con palabras, discursos y pronósticos, no se logra nada.

2.3. Verificar: si no medimos los errores y los aciertos, el fracaso es seguro.

2.4. Actuar: si no controlamos los errores y los aciertos, nunca lograremos resultados.

2.5. Di lo que haces y haz lo que dices: si ocultas es porque estás apañando la corrupción. El funcionamiento del trabajo debe ser transparente. Por eso muchas conducciones o jefaturas no quieren instalar en sus oficinas la “gestión de calidad”.

2.6. Los hacedores de la calidad son los hombres, no las máquinas. Por el contrario, lo más frecuente es pensar que modernizar es comprar más computadoras o poniendo un nuevo softwere, lo cual es necesario pero no la esencia de la gestión de calidad, que consiste en perfeccionar el trabajo humano.

2.7. La clave es trabajar en equipo, no más un individualismo de superdotados, sino la igualación de los desiguales, a la hora de los desafíos.

2.8. Darle respuesta al los usuarios, a los justiciables, a los administrados, de lo contrario en vez de paz social, incrementamos la lucha y el conflicto. Esto también lo vio claramente Lenin, porque dejo de lado el tema de la lucha de clases, prefiriendo la paz social para poder gobernar y no perder el gobierno

3. EL RECONOCIMIENTO DEL OTRO.  Esta es la gran clave de la acción social descubierta por Hegel. Si los hombres no tenemos reconocimiento de otros, terminamos en un hospicio. La incomunicación es locura. No la acción racional como creía Weber, tampoco la emotiva, como sostenía Pareto, ni la tradición como lo sostienen los conservadores, es la clave de la acción humana, sino que te reconozcan. Ese es el camino de la libertad, predicado por Sartre, dejando de lado al poeta, que si bien con bellaza, sostiene  “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Si no hay camino hay muerte, no reproducción de la vida.

En el reconocimiento del otro también hay pensamiento freudiano, pues esa fue la preocupación fundamental del gran pensador, que si bien no probó empíricamente sus supuestos teóricos, no se equivocó en la importancia de abrir la caja negra donde radica el inconsciente, la motivación humana, deposito de conocimientos y de desconocimientos de los otros.

Como bien podemos apreciar la “gestión de calidad”, aplicando “standares internacionales de organización” (Reglas ISO), es un camino para terminar con el autoritarismo y con la burocracia, con el verticalismo, a favor de la libertad creativa de cada trabajador, así como de la igualdad. La “Gestión de Calidad” sintetiza aquellos dos postulados ideológicos que han enfrentado a la historia política de la humanidad: la libertad y la igualdad. Si se la aplicara a los aparatos del Estado, cosa que por lo general no se ha hecho, infinidad de problemas desaparecerían.

En la Constitución Argentina hay una clausula de oro en el art. 14 bis, que nunca se la a aplicado. Ella es el reconocimiento de los trabajadores de participar de las ganancias de las empresas, con control en la producción y en la dirección de la empresa. Ese fue el socialismo a la japonesa, que no se ha aplicado en el Estado con el mismo éxito que en las empresas. Recordamos que las Universidades Hebrea de Jerusalem y la de Haifá, han realizado una investigación dirigida a medir el costo de la no calidad en el país, y han concluido que en Israel dicho costo, el de no aplicar al máximo gestión de calidad, afecta al 30% del P.B.I, de ese país. Imagínense cual será el costo de la no calidad de nuestros subdesarrollados países latinoamericanos.

En realidad la Gestión de calidad es una variante activa del capitalismo de Estado no conocida ni descubierta por los revolucionarios comunistas, ni por Marx, ni por Lenin, ni por Stalin. Por eso cayó el sistema. Quien si lo advirtió fue el Che Guevara, en Cuba, cuando fue Ministro de Industria, antes de partir para Bolivia, a buscar una salida utópica en relación con su programa revolucionario.

Queremos destacar que la gestión de calidad estuvo en el pensamiento de Adams Smith, pues en el segundo párrafo de su primera página en su RIQUEZA DE LAS NACIONES, sostiene que en la organización de los talleres debe desaparecer todo trabajo inutil. Por lo demás, si habló de “riqueza de las naciones” es porque buscaba la prosperidad de todos los trabajadores, no solamente de un grupo de capitalistas monopólicos, agostadores de la buena competencia.

También queremos destacar que “la gestión de calidad” no es otra cosa que una pedagogía aplicable a la organización del trabajo. Quien lo tuvo claro fue el pedagogo brasileño Paulo Freire, quien sostuvo en su libro “La Educación como práctica de la libertad”, todos los postulados básicos de la gestión de calidad. El decía que no hay docencia sin disencia. Que enseñar no es transferir conocimientos, sino descubrirlos por si solos. No a la educación bancaria nos decía Freire. Un día llego a la favela y les dijo a la gente a la cual alfabetizaba: no somos pobres, somos ricos, lo he descubierto hace poco. Estas loco, le contestaron, qué es lo que tenemos en esta pobre favela: pues es que no miramos lo que tenemos: porque no utilizamos esa bosta abandonada que tenemos allí en abono, o panes compactados y los vendemos, para comenzar a crear nuestra prosperidad. Ejemplo a seguir por los latinoamericanos, que no somos pobres, sino ciegos a lo mucho que tenemos y que no aprovechamos, a partir de una técnica adecuada, como aconsejaba Saint Simon.

Nos llega el turno de hablar del pensamiento del izquierdista Antonio Negri, politólogo italiano que ha sostenido que el imperialismo es un cascajo viejo del pasado que esta en camino de desaparecer para pasar al IMPERIO. El imperialismo es el manejo monopólico de la economía, en tanto que el Imperio es la organización de redes de comunicación en un marco de pueblos errantes.

Aquello de “proletarios del mundo unóos” que predicó Carlos Marx, para Antonio Negri, en compañía de Michel Hardt, se ha convertido en la de los trabajadores por redes de comunicación, cuya virtualidad mayor es Internet. De allí es que para N&H esa red configura el verdadero poder constituyente, no una asamblea constituyente.

Para ambos autores el sistema jurídico no controla al económico, sino éste al jurídico. el rol de los jueces, en tal sentido es nulo. Además sostienen que en realidad no hay pueblos, es decir gente con titularidad de derechos colectivos, sino una multitud errante que deambula por un mundo sin fronteras. Algo de esto lo visualizó el propio Lenin, que no le preocupó el derecho, sino el hecho del ejercicio del poder.

Para Negri y Hardt estamos en un mundo organizacional con cuatro niveles de organización. En primer lugar tenemos a la bomba, la fuerza nuclear, ejercida casi monopólicamente por los Estados Unidos: virtual monarquía, con un conjunto de organizaciones adlatares, como lo son el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el Club de París, En segundo lugar tenemos las organizaciones trasnacionales que manejan la producción, a partir de una lucha entre monedas, eje de la economía, no el trabajo. En tercer lugar tenemos a los Estados Nación, que son las organizaciones que mediatizan a la multitud o pueblo, según sea el caso, con las transnacionales. Por último tenemos a las O.N.G., unas son meras corporaciones de intereses, otras están cargadas de humanismo solidario, como lo es Ammistie Internacional. A estas ultimas y al pueblo, cuando la multitud se organiza, se les otorga el poder democrático del éter, es decir instala la democracia efectiva y no meramente declarada.

N & H convierten la lucha de clases en cooperación social. En esto coinciden con Mario Bunge, para quien del subdesarrollo se puede salir solamente aplicando lo que el denomina una socio tecnología de gestión de calidad del trabajo en un marco organizacional cooperativo. Unas cooperativas no cooptadas por corporaciones de intereses sino auto gestionadas solidariamente con gestión de calidad participativa incluida.

Humberto Quiroga Lavié
Argentina

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