Nugatoriedad de la regulación legal en cuanto a la igualdad de género en el trabajo.

Lic y MD Roberto Antonio Rubio Unibe

 

Cuando la propia ley permite que la aplicación de normas tuteladoras de derechos fundamentales sea nugatoria, estamos frente a un fraude a la ley.

 

Estas mismas palabras que hoy sirven de preámbulo para esta ponencia, fueron pronunciadas por mí, en este mismo país en el año 2001, y quiero hoy iniciar mi exposición con esta misma expresión, porque refleja mi real preocupación en el tema.

El tema que he seleccionado para mi presentación aquí es, Nugatoriedad de la Regulación Legal en cuanto a la Igualdad de Genero en el Trabajo.

 

Antes que nada, debo dar las gracias al comité organizador de este V Congreso Internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social por permitirme hacer uso en esta tribuna,de la palabra en un tema, que hoy por hoy, es de vibrante actualidad y con el cual pretendo rendir un homenaje a las mujeres trabajadoras de Iberoamérica.

 

Uno de los objetivos fundamentales de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en el tema que nos ocupa, es promover las oportunidades para que tanto los hombres como las mujeres puedan acceder a un trabajo digno y productivo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana.

 

Así pues, la OIT considera que dentro del concepto de trabajo decente para todas las personas, la igualdad entre los sexos es un elemento esencial para que los cambios sociales e institucionales generen crecimiento.

 

Entendiendo la propia OIT., como trabajo decente, “…….lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno”. Y puntualiza para mayor precisión “no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo”. Dejando clara su preocupación por la desigualdad de genero.

 

El enfoque principal o áreas temáticas de la OIT en cuanto a la igualdad de género coinciden con los cuatro objetivos estratégicos de la organización, es decir:

  • promover los principios y derechos fundamentales en el trabajo;

  • crear más empleo y oportunidades de ingresos para los hombres y las mujeres;

  • mejorar la cobertura y la eficacia de la protección social y

  • fortalecer el diálogo social y el tripartismo.

 

Luego entonces el mandato de la OIT en materia de igualdad entre los sexos de promover la igualdad de oportunidades y de trato entre hombres y mujeres en el mundo del trabajo, se basa en los convenios internacionales del trabajo, para la igualdad entre el hombre y la mujer; sobre todo los cuatro convenios clave sobre igualdad, a saber:

  • El convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), (núm. 100),

  • También el convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), (núm. 111),

  • El convenio sobre los trabajadores con responsabilidades familiares, (núm. 156) de 1981

  • Y el Convenio sobre la protección de la maternidad, (núm. 183) del año 2000.

 

Así pues en la declaración de política de la OIT realizada por conducto de su Director General en 1999 sobre la igualdad entre los sexos y la incorporación de las consideraciones de género, se especifica que deberían adoptarse medidas que se refuercen entre sí a fin de promover la igualdad entre los sexos.

 

En el punto 3 de las conclusiones de la XVI Reunión Regional Americana, celebrada del 2 al 5 de Mayo del año 2006, en Brasilia Brasil se hace de nueva cuenta manifiesto el gran desafío que enfrenta América para generar trabajo decente y se señalan:

1. Lograr que el crecimiento económico promueva el trabajo decente;

 

2. Lograr la aplicación efectiva de los principios y derechos fundamentales en el trabajo;

 

3. Generar mayor confianza en la democracia y en el diálogo social;

 

4. Ampliar y fortalecer los esquemas de prevención y protección social de los trabajadores,

 

5. Incrementar la inclusión social y laboral para reducir la desigualdad.

 

Es indudable que esta aspiración de la Organización Internacional del Trabajo, es plausible desde cualquier perspectiva, pero que lejos esta de ser la realidad concreta y que distante se ve su realización en términos de aplicación de las normas jurídicas reguladoras de dicha igualdad de genero.

No hay una sola nación en Iberoamérica, que no tenga en su sistema jurídico normas, que, con rango constitucional regulen la referida igualdad de género, y sin embargo como ha quedado apuntado, la pobre realidad en nuestras naciones es otra.

 

“La realidad es mas sabia que el derecho” son palabras sabias también, de mi entrañable amigo el Dr. Ángel Guillermo Ruiz Moreno y yo me pregunto ¿es quizás cierto que la desigualdad sexista pertenece a la realidad y quien tal vez no va en el camino correcto es el derecho? Tal vez el derecho a la igualdad laboral entre hombres y mujeres es quizás un caso de excepción.

 

Soy un convencido, que la igualdad laboral de género no es una graciosa prebenda concedida a las mujeres, es un derecho, un derecho social que tiene su origen en la lucha áspera, dura, de diario, que las mujeres han emprendido a través de la historia

 

Todos los días, las mujeres trabajadoras de Iberoamérica enfrentan carencias y necesidades que cada vez se agudizan más. La discriminación laboral, la violencia tanto física como sexual, el desempleo, el empleo de baja productividad, la marginación en materia de salud, los riesgos en maternidad y por supuesto la desigualdad salarial en igualdad de condiciones de trabajo, ¡la lista es interminable!

 

No pretendo hoy, hacer un discurso mas, ya se han dicho muchos, es mi intención que esta intervención, logre despertar conciencia y real interés en uno o alguno de los que tienen la solución si no de todos, cuando menos de uno o algunos de los lacerantes problemas que he planteado.

 

La Organización Internacional del Trabajo en su informe “Tendencias Mundiales del empleo de las mujeres 2007”, señala que 81.8 millones de mujeres están desempleadas en todo el mundo, dato que supera cualquier otro en toda época y, al propio tiempo nos señala que el 52.1% por ciento de las mujeres que trabajan no tienen un trabajo asalariado o reciben por el una remuneración; y realidad también es que hoy en día aun existen muchas mujeres que trabajan en actividades de baja productividad y reciben menor paga que los hombres que realizan la misma actividad en igualdad de condiciones y jornada.

 

En mi país, México, con motivo del Día Internacional de la Mujer el Presidente de la Republica invitó a las organizaciones civiles del país y a los organismos públicos y privados, a las empresas, y a los medios de comunicación, precisamente para que se comprometan en la aplicación correcta de la ley, contra la violencia y la legislación sobre la igualdad de género, y yo aprovecho para decirle al presidente de mi país, Sr. Presidente Calderón, ¡¡¡¡ de cuando acá el cumplimiento de la ley por parte de los órganos del estado, requiere invitación!!!!, este pasaje refleja el bajo nivel de preocupación de los políticos para hacer efectiva la aplicación de las normas del derecho del trabajo. Esto es señores retórica, solo eso retórica.

 

Hoy en día la disputa sobre la igualdad laboral de las mujeres se encuentra inmersa en un conflicto de posturas diametrales, y por si no fuera poco, ambas radicales, por un lado la llamada corriente Igualitarista y por el otro la llamada diferencista; la primera que sostiene que los derechos del hombre y la mujer deben de ser iguales a partir de la marginación del hombre, y la segunda que ponen el énfasis en las diferencias entre los sexos, y que afirman que las mujeres, por razones biológicas y/o culturales han desarrollado características de personalidad y modos de relación y conducta social que deberían ser revaluados como un componente fundamental de la experiencia humana, y dentro de su contexto socio-cultural. Desde luego existen quienes asumen un papel intermedio, pero no ecléctico, son quienes entienden la igualdad de oportunidades en el sentido de «igualdad de valor social». Su punto de partida es el reconocimiento de la existencia de diferencias tanto biológicas como psicológicas y culturales entre los sexos. Pero a partir de allí subrayan la necesidad de que las instituciones sociales asignen y garanticen igual valor a estas diferencias. En términos concretos, esta idea significaría revaluar el valor social y económico de las tareas que desempeñan ambos sexos y asignar igual salario por trabajo de igual valor.

 

No importa hacia donde se incline la doctrina, el caso es que ya son muchos años, más de treinta de discursos, más de cincuenta de lucha reiveindicadora, muchos más de bandera política, y la histórica y eterna situación de desigualdad es lo único que sigue igual. Yo puedo dar testimonio de ello en el seno de mi familia, “Mi sobrina Susana Rubio, Licenciada en Mercadotecnia, joven brillante en su especialidad, fue objeto de discrimen en dos grandes empresas, de esas que ponderan ser de clase mundial, Coca Cola y Cervecería Cuauhtémoc, poniendo explícitamente como única razón para no seleccionarla a ocupar una plaza, el ser mujer”; ¡¡que vergüenza!!

La globalización, entendida como la interdependencia creciente de todos los mercados nacionales para la constitución de un mercado mundial en el marco de la internacionalización del capital, ha profundizado lo diverso y di símbolo en las formas de incluir a mujeres y hombres en las situaciones de empleo y formas de trabajo.

 

El nacimiento de nuevos modelos productivos ha transformado el trabajo humano. Las nuevas formas de organización del trabajo y de la producción demandan, por un lado, la estabilización e implicación del sujeto en el proceso de trabajo (mayor iniciativa, responsabilidad, competitividad y el Know how) y, por otro lado, exigen la flexibilización del empleo volviéndolo más precario al incrementar el desempleo prolongado y las formas inestables de empleo. En resumen, se transforma el mercado de trabajo, el empleo y las condiciones de su ejercicio, siempre en deterioro de los trabajadores.

 

Este movimiento de inestabilidad del empleo va acompañado de un enorme y diverso proceso de precarización del trabajo, a una importante parte de la sociedad se le impide ser activo, falta de oportunidades de trabajo decente, o se le recluye en la no actividad. El desempleo prolongado se transforma pues en un verdadero proceso de exclusión social. Esta constante excusión del empleo y el desempleo transforma la división internacional del trabajo y la incorporación y permanencia de hombres y mujeres en el mercado de trabajo, acentuando las desigualdades de género.

 

Para las mujeres, la globalización significa una contradicción dialéctica en su relación con el trabajo, pues la tendencia mundial de masculinizar los mercados laborales es cada vez más sólida. Si bien las mujeres tienen hoy un mayor acceso al empleo, incluso han incursionado en ciertos sectores y ocupaciones antes considerados exclusivamente masculinos, sufren relativamente más los cambios provocados por las innovaciones tecnológicas y la reorganización del mercado del trabajo, asignándoseles los empleos de menor remuneración, con mayor frecuencia que a los hombres. El incremento de la actividad laboral femenina coincide con el crecimiento de la precarización del empleo. Así, detrás del aumento continuo de la participación de las mujeres en el trabajo remunerado, emerge la crisis laboral para este género.

 

La precarización social concierne a hombres y mujeres, pero no los afecta de la misma manera. La precariedad apunta mas hacia un solo genero que nos habla de un proceso altamente sexista, que toca en primer lugar a las mujeres, tanto a las que se han incorporado a actividades formales como a las incorporadas en actividades informales; hoy en día, esta incorporación de las trabajadoras en actividades precarias, constituyen la característica más relevante del trabajo femenino.

 

Y enérgicamente señalamos: ¡¡ No se puede permitir, la institucionalización de la inestabilidad en el empleo, la precarización social y mucho menos la feminización de la pobreza !!.

 

En todo el mundo, los trabajos considerados atípicos constituyen empleos permanentes para las mujeres. Son trabajos desvalorizados, sin calificación, de bajo nivel jerárquico y remuneración, a tiempo parcial, a domicilio, temporal, por contrato a tiempo determinado, por cuenta propia, subcontratado o simplemente informales.

 

Sin embargo, en el ámbito de un mercado flexible a escala internacional, las mujeres ocupan una posición estratégica. El mercado global con el acceso a trabajadores desiguales supone una división social y sexual del trabajo transnacional. La dinámica de la mundialización de capitales, no podrá desplegarse sin apoyarse en las mujeres.

 

El trabajo y el empleo de hombres y mujeres no son intercambiables, por lo que, pesa sobre las mujeres la doble carga de la responsabilidad familiar y el trabajo remunerado. Si como se ha dicho en infinidad de foros, el empleo se plantea como el salvoconducto que legitima la presencia en la vida social, hoy las mujeres para acceder a él se encuentran en una posición de gran desventaja que las coloca en una situación permanente de trabajo excesivo.

 

Podría seguir quiza por horas hablando de la terrible condición en que se desempeñan laboralmente las mujeres, pero no tiene sentido, creo que es el momento ya de realizar acciones que logren puntualizar el marco teórico dentro del cual debe darse la tan anhelada igualdad de género en el trabajo, creo que ya es el momento de dejar de formular normas declarativas, que si bien en política se manipulan como logros de los gobiernos que las impulsan, y que si bien en el marco del Derecho Intencional tienen el carácter de vinculatorias; en la realidad laboral de nuestros pueblos, solo son suponemos buenas intenciones que rayan en la demagogia, ya es tiempo de incluir en las normas nacionales del derecho del trabajo, acciones jurisdiccionales, que posibiliten que dichas acciones contra cualquier tipo de discrimen, se puedan ejercitar con efectividad en los tribunales laborales, estableciendo sanciones y responsabilidad administrativa a los funcionario públicos que no hagan cumplir dichas normas, sanciones pecuniarias o de cárcel a los patrones o empleadores que realicen practicas discriminatorias, en la selección, la contratación o en la diferenciación de genero en las condiciones laborales. Creo que ya es el tiempo de dejar la contemplación, la lamentación y la retórica, para centrar el quehacer del estado y de la sociedad toda, en la acción efectiva, en la conducta positiva que lleve a terminar de una buena vez con esta vergonzante practica de diferenciación sexista.

 

De nueva cuanta nos toca a los académicos tomar la iniciativa, ser la vanguardia del pensamiento social, ser la voz que logre hacerse oír en el ensordecedor mundo del reclamo por la injusticia, yo se que son muchos los gritos desesperados por la justicia social, pero este, no solo debe ser uno mas, sino el mas fuerte porque la discriminación de genero, atenta contra la parte mas noble de la humanidad,

La parte que crea, forma y sostiene la vida de las generaciones futuras. ¡¡Las Mujeres!!

 

Esas mujeres que en mi país México, acompañaron a la tropa a luchar por la Justicia Social, que los alimentaron, los alentaron y en mas de una vez cuando su hombre había caído, tomaron el fusil para entregarse con el mismo o tal vez con mayor ahínco a su causa.

 

Esas mujeres a las que José Marti se refirió y que cito “Las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer; pero cuando se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su naturaleza, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño la obra es invencible”. Termina la cita.

 

Esas mujeres que en Colombia han sido imágenes de Manuela Beltrán quien en un gesto de rebeldía rompió el edicto que anunciaba el aumento del impuesto de la Armada de Barlovento, acción insurreccional que se propagó en casi todo el territorio neogranadino

 

Esas mujeres como Kura Oqllo quien ayudo a su esposo Manco Inka Yupanqui a llevar a cabo el plan de reconquista del Perú. Iniciando el bloqueo de la ciudad del Cuzco. Mujer heroína que murió con valor por recuperar sus tierras y mostró dignidad, patriotismo, coraje y amor a su tierra y su raza.

 

Esas mujeres que seria interminable mencionar sus epopeyas, esas mujeres que como dije dan vida, forman y sostienen nuestras futuras generaciones, esas mujeres que son nuestras esposas, esas mujeres que nos coadyuvan en el quehacer diario de la familia, esas mujeres que son las madres de lo que mas amamos, de nuestra sangre, de nuestros hijos.

 

Esas mujeres que hoy hemos marginado, y les hemos negado la condición de trabajadores, con un salario indigno, con un trabajo indecente, sin el mas elemental reconocimiento a su capacidad, y que hemos sumido en el discrimen.

 

Esas mujeres son a las que hoy debemos reivindicar, colocar en el lugar laboral que con su esfuerzo se han ganado.

 

Hoy me gana la indignación, y como no ha de ser, si en todas las formas de la sociedad encontramos la presencia de la mano femenina, y como no indignarse cuando vemos la depauperada situación laboral en que se encuentran, como no indignarse, cuando hemos olvidado lo que aquí ha quedado apuntado, como no indignarse cuando solo hacemos discursos y su condición laboral queda igual. Como no dar rabia el hecho de quienes tienen en sus manos la solución de esta ímproba realidad, no solo no la buscan, sino en muchos casos se benefician de esta explotación.

 

Hagamos, pues, propuestas concretas, impulsemos iniciativas para transformar las leyes, para crear tribunales idóneos y comprometidos, propongamos sanciones que inhiban las practicas discriminatorias, y sobre todo hagamos conciencia en la cátedra, inculquemos a nuestros alumnos un elemental principio de justicia social, y de Igualdad en todos los ordenes.

 

Creo que la declaración que surja de este V Congreso Internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social; “la Declararon de San Juan”, debe ser un reclamo enérgico, unánime, viril, por la verdadera igualdad de genero en materia laboral, para que en el mundo se sepa que los iuslaboralistas iberoamericanos, si creemos en la igualdad; que los iuslaboralistas iberoamericanos, si valoramos el trabajo de las mujeres; que los iuslaboralistas iberoamericanos, si creemos en la Justicia Social.

 

Ya basta señores académicos de analizar lo ya ampliamente analizado, ya basta lideres del mundo de dogmatizar lo que es incuestionable, ya basta lideres obreros de fingir defensas que están muy lejos de realizar, ya basta profesores de esconder su cobardía en las naguas de la toga, ya basta abogados y llamados luchadores sociales de venir a estos foros a resaltar su presencia, es el momento de demostrar de que estamos hechos, es el momento de solidarizarnos con nuestras mujeres, y no en el reclamo ahogado en la quejumbra, sino dando la cara sin temores o miedos, en una verdadera lucha de reivindicación, señalando, denunciando, acusando a quienes cometen el crimen de Lesa Humanidad que se llama “discrimen laboral”; exigiendo a nuestros gobernantes que en lugar de ser parte de la estructura imperialista de la discriminación, se conviertan en verdaderos lideres de sus sociedades, aplicando la ley con rigor y sometiendo a la fuerza del estado a quienes abusan de la necesidad del trabajo y particularmente del trabajo de las mujeres.

 

Yo, hoy, siento vergüenza de la condición en que laboran las mujeres de mi país, pero más vergüenza siento de no haber sabido luchar con ellas y por ellas.

 

Para concluir quiero hacer una ultima reflexión basada en el pensamiento de mi inolvidable amigo y maestro, Don Osvaldino Rojas Lugo, (Osval) como con cariño lo llamábamos, como uno mas de los homenajes que hoy le rendimos, Y que espero sea escuchada por quien tiene que escucharla; decía el maestro “……El Estado tiene la obligación de ofrecer respuestas positivas a las necesidades sociales de los trabajadores”. y por si no lo entienden quienes deben entenderlo, o fingen no entender “El estado tiene la obligación de crear, generar, y dar estabilidad a los trabajadores hombres y mujeres en el empleo, proporcionándoles las mejores condiciones de trabajo que les garanticen una vida digna, es decir un trabajo decente, sin discrimen y menos aún el de genero”.

 

Señores Gobernantes, señores académicos, varones bien nacidos, ustedes tienen la palabra.

 

Es cuanto.

 

Gracias.

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