Semblanza del Dr. Osvaldino Rojas Lugo

Dr. Claudio Sarmiento Molina


Honorable Secretario del Departamento de Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico, dr. Román Velasco González; distinguido Presidente de la Junta Directiva Internacional de la AIJDTSSGC, Dr. Guillermo Ruiz Moreno; querida sra. Rita Ortiz viuda de Rojas y familia del extinto homenajeado; distinguidas autoridades de esta hermosa isla del encanto – Puerto Rico; distinguidos directivos internacionales, miembros de número y representantes de las diversas filiales de nuestra querida asociación; estimados y queridos amigos presentes en este homenaje; señoras y señores:

 

Estamos aqui reunidos, en este hermoso salón de eventos del centro de convenciones de San Juan, Puerto Rico, un lugar muy importante e histórico, pues aquí alternamos en muchas jornadas y congresos internacionales con nuestro ilustre homenajeado, y es realmente un alto honor el que me ha encargado la Junta Directiva Internacional, como peruano, amigo, discípulo y hermano del dr. Osvaldino Rojas Lugo, para rendirle un justo y merecido homenaje en su país, su tierra natal por la que tanto luchó, y de la que fue su permanente embajador, por su siempre generosa y permanente contribución y apoyo al desarrollo de la justicia social, no sólo aquí en su patria, sino en toda Iberoamérica; y siempre siguiendo las sabias enseñanzas y orientación permanente del destacado y siempre recordado dr. Guillermo Cabanellas de Torres, gran tratadista del derecho del trabajo, excelente profesor y amigo de muchos de los aquí presentes, y a quien Osvaldino consideraba como su padre espiritual.

 

Han pasado 26 años desde que tuve la dicha de conocer a Osvaldino. Fue en noviembre de 1981, en una importante jornada de derecho del trabajo, que se desarrollaba en el anfiteatro del centro cívico de la ciudad de Lima, y a la que asistí por intermedio de los dres. Guillermo González Rosales y Teodosio Palomino Ramírez, quienes me presentaron a “un asiduo participante de estos eventos académicos, destacado y sobresaliente cultor del derecho del trabajo y de la seguridad social y gran defensor de las causas de los trabajadores de Puerto Rico y de América.” Es así, querida audiencia, que inicié un vínculo permanente con un gran hombre, gran persona y excelente amigo, como era en vida nuestro querido hermano el dr. Osvaldino Rojas Lugo.

 

Compartimos esos recordados días con alguien también muy importante para todos nosotros; me refiero al Dr. Guillermo Cabanellas, quien junto con su digna esposa, la sra. Carmen, compartia no soló todo el conocimiento que trasmitía, sino también su aspecto de ser humano y paternal.

 

Tuvimos, con mi esposa Adriana y mis hijos Silvia y Martín, el alto honor de recibirlos en nuestra casa en varias ocasiones, y compartimos ampliamente su amistad y cariño, y siempre nos expresó el gran aprecio y respeto que sentía por Osvaldino y su familia, y que con él habían recorrido muchos caminos por toda América y Europa, y que pensaba que con el tiempo él sería quien lo sucediera en estos arduos trajines de integración iberoamericana. Como verán, fueron unas palabras muy premonitorias por cierto.

 

Han sido múltiples eventos académicos en los que compartimos con Osvaldino nuestra preocupación por los trabajadores y el reconocimiento que deberían darles las empresas y los gobiernos, a su capacidad y laboriosidad, y que ya no deberíamos hablar sólo de la fuerza laboral y las relaciones industriales en la organizaciones, sino que deberiamos empezar a reconocerlos como seres humanos, por su inteligencia y talento. Por ello recomendábamos, en las declaraciones de muchos congresos y jornadas, sobre la necesidad de insistir en el cambio de relaciones industriales por la denominación de recursos humanos, y como estamos siempre en constante cambio, ahora en el siglo XXI, deberíamos hablar de gestión del talento, pues es con el conocimiento y capacidades de las personas, que se hacen posibles las obras y realizaciones de las organizaciones y empresas . Y es alli donde siempre nuestro hermano Osvaldino luchó y motivó, y por qué no decirlo, exigió más respeto para los trabajadores, no sólo en su país que hoy nos acoge en este magno V Congreso, y en el merecido homenaje que le hacemos, sino también en cada uno de los países que visitaba.

 

También nuestro querido Osvaldino se preocupó siempre de alternar y orientar a los trabajadores, a través de sus diferentes organizaciones y sindicatos, y siempre se daba tiempo para visitarlos y aconsejarlos, muchos de los acá presentes somos testigos de ello. Y con su gran personalidad y carisma también era amigo de gobernantes y gente muy importante de nuestros países, los que lo escuchaban muy atentamente en sus recomendaciones y conversaciones que efectuaba con los mismos.

Este hermoso recinto es testigo también de la presencia, apoyo y participación que le brindaban a las obras de nuestro recordado Osvaldino, dos importantes presidentes de América: me refiero y recuerdo al dr. Rafael Caldera de Venezuela, y al arquitecto Fernando Belaunde del Perú, quienes siempre lo consideraron un gran amigo y señor, y los que en cada oportunidad que visitaba sus países, lo invitaban y compartian con el en sus respectivos palacios presidenciales, y le reconocían su autoridad y conocimiento en materia de derecho del trabajo y de la seguridad social, y también su permanente vocacion de servicio y su deseo de una justicia social verdadera.

 

He sido testigo directo de estas inquietudes y acciones de Osvaldino, cuando en algunas de mis varias visitas a esta hermosa isla del encanto, tuve el honor de acompañarlo, no sólo en su oficina, viendo cómo orientaba y defendía a los trabajadores que acudían a él, sino también en sus constantes viajes por el interior de Puerto Rico, sobre todo también en su natal Arecibo, que lo vio nacer un histórico 18 de junio, y como en esas ocasiones le decía lo orgullosos que estarían sus padres, don Sebastián Rojas y doña Juana Lugo, al igual que veía siempre orgullosa de sus acciones y trabajos a la incansable y amorosa sra. Rita (su viuda), a su familia, y a los buenos amigos que siempre lo acompañaron , y que hoy están también aquí con nosotros en este merecido acto de homenaje.


Nuestro querido Osvaldino, no sólo fue notable como ser humano, sino también en su vida profesional y académica, destacó como abogado, como notario, y como catedrático universitario; fue gestor, fundador y directivo de hermandades, federaciones y asociaciones gremiales , y por lo bien que hacia las cosas, se hizo merecedor de sendos reconocimientos y condecoraciones; fue declarado huésped ilustre de muchos países y regiones, honrado como doctor honoris causa y profesor honorario de importantes universidades , y distinguido también por colegios profesionales de abogados e instituciones académicas de varios países.

 

Por todas estas características era muy querido y apreciado, y en mi patria el Perú, que tantas veces visitó y viajó por sus diferentes departamentos, lo considerábamos “un peruano nacido en Puerto Rico,” un hermano a carta cabal. Es por ello que el día 6 de marzo del 2003, al recibir en Lima el llamado de doña Rita, dándome la triste noticia de la partida a la casa del Señor de nuestro querido Osvaldino, no dudé en hacer lo necesario para poder venir de inmediato aquí a San Juan, para acompañarlo en su velorio, y darle a su familia y amigos queridos nuestras mas sentidas condolencias. Situación muy especial y dolorosa por cierto y que compartí con nuestro hermano mexicano y ahora nuestro presidente internacional, el dr. Guillermo Ruiz Moreno, quien así representó a los hermanos de México y de América del Norte, estando quien les habla representando a los hermanos del Perú y de América del Sur, juntos aquí en Centroamerica y el Caribe, dándole la despedida a nuestro gran hermano Osvaldino, en nombre de toda América entera y unida, como él siempre deseo y también siguiendo el pensamiento unificador del dr. Cabanellas.

 

Y es así que en la ceremonia final de despedida en el cementerio, usted dr. Guillermo Ruiz, al dirigir unas palabras, reitero que Osvaldino no sólo fue el fundador y presidente de nuestra Asociación Iberoamericana de Juristas, sino que él mismo era su eje y su motor, la razón de ser y de existir de la misma Asociación.

 

Al dirigir también unas sentidas palabras, expresé en su sepelio la profunda pena que nos embargaba, e hice una propuesta en el sentido de agregar a nuestra Asociación el nombre del dr. Osvaldino Rojas Lugo, al lado y junto al del dr. Guillermo Cabanellas, como un acto de sobrada justicia y reconocimiento. Lo cual reitero en esta ceremonia para su consideración en la Junta Directiva Internacional de la AIJDTSSGC. Permítanme, distinguida concurrencia, culminar esta emotiva alocución con unas palabras que expresara nuestro recordado Osvaldino: “Bienaventurados los que con su trabajo personal engrandecen a sus naciones, porque de ellos ha de ser el fruto del progreso.”

 

 

Descansa en paz, gloria para ti querido hermano Osvaldino Rojas Lugo, gran patriota puertorriqueño e iberoamericano, y muchas gracias por tus dignas enseñanzas.


San Juan, 7 de Noviembre del 2007

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