el trabajo: derecho y deber.

Por Luis Alfonso Ramos Peña

El hombre es un ser migrante por naturaleza. La migración ha estado presente en todas las etapas de su evolución.  Ha obedecido a múltiples factores pero todos ellos relacionados por la necesidad del hombre de subsistir. Por ello resultan detestables las políticas de los gobiernos y las practicas de sus semejantes que la criminalizan y la reducen a una mera aventura y ambiciones sin sustento.

Con la presente colaboración me propongo participar en el Congreso Internacional de nuestra Asociación dentro del tema del fenómeno de la  Migración y sus consecuencias.

La convicción de que el trabajo fecundo, en servicio de la sociedad, es un deber prioritario, de igual suerte de que todos los hombres tienen el derecho a recibir oportunidades decorosas y suficientes de empleo, haciendo aun lado el perjuicio de una misión degradante, el trabajo del hombre cobra una difusión notable. La sociedad y el Derecho deberán garantizar la plena ocupación en sus posibles aplicaciones y formas, así mismo los gobiernos democráticos deberán fundarse necesariamente en el trabajo.

Los principios del Iuslaboralismo constituyen un patrimonio tangible de la humanidad, pues el trabajo es clave del progreso generalizado de los bienes económicos. El valor del trabajo ha hecho pensar en el mundo contemporáneo que la condición del homo sapiens corresponde a la del homofaber de modo que la inteligencia del hombre se entrecruza con la capacidad de trabajo.

Los hechos laborales que aparecen en la vida social y su dimensión axiológica, determinada por los valores que orientan el proceso y evolución de las ideas dan lugar a estructuras normativas  cuyo contenido debe ser el fiel reflejo de lo que pretende garantizar.

El derecho al trabajo que constituye al mismo tiempo un deber natural y social es un tema propio de los derechos sociales aunque un derecho específico y diferente a todos los que se sitúan en este rango. Es algo inherente al hombre y connatural a él; se ha incorporado a los textos legales los cuales no lo han creado sino reconocido, no es obra de un Derecho Positivo pero tampoco es la expresión del iusnaturalismo radical que devino en individualismo y liberalismo económico. Este derecho encuentra su mejor explicación en las ideas de John Rawls sobre los bienes primarios que contienen las libertades básicas.

¿Pero, qué es el trabajo?.

El trabajo es roca sobre la que se yergue el destino de toda sociedad fuerte; es el sólido sustento de los pueblos que prevalecen en la historia. El trabajo incorpora el valor a los bienes y a los tesoros más preciados. Pobre de la sociedad que exalta lo superfluo y desprecia lo que la reafirma y realiza como el trabajo.

Una de las características inherentes al hombre, que lo distingue al resto de los seres vivientes, es el trabajo; la actividad de las bestias no puede llamarse trabajo; en todo caso estaríamos en presencia de manifestaciones relacionadas con su instinto de supervivencia; sólo el hombre es capaz de trabajar; el trabajo está adherido a la propia naturaleza humana, de la misma manera como se adhieren las gotas de sudor a la frente de los trabajadores durante las intensas jornadas del campo y las fabricas.

Al trabajo se le entiende como una actividad transitiva; es decir, empieza en el sujeto humano, pero esta dirigida hacia un objeto externo. A través del trabajo se manifiesta el dominio específico del hombre sobre el universo. Este dominio abarca todos los recursos que encierra la tierra y que mediante la actividad consciente del hombre, pueden ser descubiertos y oportunamente aprovechados.

De este dominio del hombre emerge el aspecto objetivo del trabajo, conforme el cual solo por y mediante el trabajo el hombre somete a la naturaleza cuando domestica a los animales, criándolos y utilizándolos como alimento y vestido; cuando cultiva la tierra y los mares extrayendo diversos recursos naturales y adaptándolos a sus necesidades.

Más si se considera el trabajo sólo en el plano del objetivo, el hombre figura como un mero instrumento de la producción, y no como sujeto de ello; lo cual ataca su dignidad. El hombre es una persona, no un objeto, y debe considerar y respetar a los demás esa calidad.

Con respecto a los sujetos de la relación en el trabajo puede decirse que “Las dos personas (trabajador y patrón) guardan posiciones distintas en el proceso de la producción, pero su naturaleza como seres humanos es idéntica en los dos y sus atributos son también los mismos”.[1])

MOSART VICTOR RUSSOMANO nos dice “Si el hombre es el esclavo perpetuo de sus propias necesidades, que reposan sobre sus insatisfacciones; si todo hombre tiene un destino dinámico en cumplir en su acción, porque la vida es movimiento perenne, la mas noble función humana es aquella que procura producir bienes destinados a la satisfacción de sus necesidades y de las necesidades de nuestros semejantes”.[2]

Desempeñar cualquier trabajo es una de las más nobles actividades que puede llevar a cabo el hombre; obstaculizar en cualquier forma esta función vital, le impediría el desarrollo pleno como ser humano, como ser pensante, como ser superior a todo cuanto habita la faz de la tierra; sería un atentado contra su dignidad.

En el Diccionario de la Real Academia Española se conceptúa el trabajo como “El esfuerzo humano aplicado a la producción de la riqueza”. En este sentido todo trabajo demanda un esfuerzo de quien lo ejecuta y tiene por finalidad la creación de satisfactores.

Trabajo es toda actividad humana, intelectual o material, independientemente del grado de preparación técnica requerido porcad profesión u oficio.

El trabajo constituye el fundamento de la existencia de la humanidad. Los economistas afirman que la fuente de toda riqueza es el trabajo, lo es junto con la naturaleza, proveedora de los materiales que el hombre convierte en riqueza.

El trabajo es la condición fundamental de toda vida humana, al grado de que ha creado al propio hombre.

EL TRABAJO COMO DERECHO Y DEBER SOCIAL.

Atribuir a alguien un derecho significa reconocer que él tiene la facultad de hace o no hacer lo que le plazca, y al mismo tiempo el poder de resistir, recurriendo en ultima instancia a la fuerza propia o de los demás con el transgresor eventual, quien en consecuencia tiene el deber o la obligación de abstenerse de cualquier acto que pueda interferir en la facultad de hacer o de no hacer.

Derecho y deber presuponen la existencia de una norma o regla de conducta que en el momento de que atribuye a un sujeto la facultad de hacer o no hacer algo impone a quien sea abstenerse de toda acción que pueda en cualquier forma impedir el ejercicio de tal facultad.

Presentar de esta manera el problema implicaría analizar el contenido de las normas, distinguir entre el ser y deber ser de las mismas, entre el derecho objetivo y el subjetivo, y no es éste el propósito al menos en lo inmediato.

Tampoco analizar al trabajo desde el punto de vista del iusnaturalismo como presupuesto filosófico de liberalismo en cuanto sirva para establecer los limites del poder con base a una concepción general e hipotética de la naturaleza del hombre que prescinde de toda verificación empírica y de toda prueba histórica.

Se pretende encontrar el fundamento del derecho al trabajo a partir de la doctrina, según la cual existen leyes, que no han sido puestas por la voluntad humana y en cuanto tales son anteriores a la formación de cualquier grupo social, reconocibles mediante la búsqueda racional, de las que derivan, como de toda ley moral o jurídica, derechos y deberes que son, por el hechote derivar de una ley natural derechos y deberes naturales.

Garantizar a todos los hombres que mediante una ocupación racional puedan adquirir los medios necesarios para vivir con salud y decorosamente, es quizá la meta de un derecho al trabajo.

Explicar el trabajo como derecho a realizarlo, es decir, como una potestad inherente al hombre, implica hablar de éste como sujeto de aquel y no como simple objeto. El iusnaturalismo nos lo presentaría dentro de su pensamiento central constituido por la idea de que en la naturaleza, especialmente la humana, se encuentran caracteres que le son inherentes, cuya sola existencia y necesidad, hacen absurda e inadmisible toda tentativa de negarlos, destruirlos o desconocerlos.

Las leyes humanas tienen un límite más allá del cual no pueden pasar: Todo lo que dichas leyes prescriban contra las relaciones que derivan de la naturaleza misma de las cosas, constituye no solo una injusticia, sino, propiamente, una vana apariencia de derecho (Montesquieu).

Para esta doctrina, el individuo se presenta armado de derechos anteriores a toda sanción y a toda ley política. Estos derechos no están constituidos por funa norma de derecho positivo ni los instituye, solo los reconoce y declara. Siendo derivaciones necesarias de la naturaleza de las cosas, se corresponden con un sistema de normas del mismo carácter necesario, cuyo conjunto viene a constituir un cuerpo de derecho natural cuya validez y obligatoriedad están condicionados a su no discrepancia con aquel sistema superior de principios.

En este sentido, el hombre es sujeto y fin del trabajo. No importa si se trata de un trabajo industrial o de campo, o si es intelectual o material, sino el hecho de que, quien lo ejecuta es una persona humana.

El hecho de que la persona humana esta llamada a la realización voluntaria de sus fines naturales, es decir, de que experimente deberes que ha de cumplir para alcanzar su pleno desarrollo, fundamenta su pretensión de que le sea respetado un ámbito de libertad para cumplirlos así, el deber de procurarse los medios de subsistencia, fundamenta la pretensión de libertad para trabajar.

El derecho al trabajo sería la pretensión o poder exigir el respeto a un ámbito de libertad fundada en un deber natural. Así el fundamento de este derecho es doble: El inmediato directo es el mismo deber natural, es decir la conducta que el hombre percibe como conveniente o necesario para el cumplimiento de su fin natural, de su realización como persona.

M. Ghandi [3]) escribió lo siguiente: “Los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber bien cumplido… con esta declaración fundamental, quizás sea fácil definir los deberes del hombre y de la mujer y relacionar todos los derechos con algún deber correspondiente que ha de cumplirse primero.   Todo otro derecho solo será una usurpación por la que no merecerá la pena luchar”.

La naturaleza racional del hombre es fundamento de la ley natural, de los deberes naturales y en consecuencia el fundamento mediato de los derechos de la persona.

Del deber de cuidar y desarrollar la vida, deriva el derecho a un nivel de vida decoroso conforme a la dignidad de la persona humana. Este derecho no es una pretensión directa sobre los bienes como lo tendría un propietario sobre una cosa, sino las exigencias que toda persona pueda hacer a los conductores de la sociedad para que existan las condiciones sociales que permitan que toda persona pueda efectivamente alcanzar esos bienes con su trabajo. El contenido de este derecho es el de que toda persona tiene derecho a tener un trabajo y a elegirlo libremente.

El derecho al trabajo no es un fin así mismo, sino un medio al servicio de la existencia y desarrollo de la persona y de la sociedad y, en consecuencia, es un derecho naturalmente limitado precisamente por el deber del que depende pues sirve como medio para su cumplimiento. Es decir, el derecho no puede ir en contra del deber: El derecho a la libertad de trabajo no implica el derecho a no trabajar porque eso contradice directamente el deber de hacerlo.

Otra limitación se deriva de la naturaleza social del ser humano. Las personas viven en sociedad,  de modo que el cumplimiento de sus deberes y, por consiguiente el ejercicio de sus derechos, está de hecho restringido por las condiciones sociales en que vive y se entiende que el ejercicio de los mismos no puede hacerse en perjuicio del bien de la sociedad, del bien común.

Con este razonamiento se elimina el concepto radical del liberalismo según el cual el hombre no tiene derechos contra la sociedad ni ésta contra aquel, pues significaría el derecho de los hombres a que la sociedad y concretamente su economía, crearan las condiciones que garantizaran a la persona humana la posibilidad de cumplir su deber de realizar su trabajo útil para bien de ella misma y de su familia y de la sociedad a la que perteneciera.

Al respecto Mario de la Cueva señala: “El derecho del hombre a la existencia tiene hoy un contenido nuevo; en el pasado, significó la obligación del estado de respetar la vida humana y dejar al hombre en libertad para realizar por si mismo su destino; en el presente, el derecho del hombre a la existencia quiere decir: Obligación de la sociedad de proporcionar a los hombres la oportunidad de desarrollar sus aptitudes. La sociedad tiene derecho a esperar de sus miembros un trabajo útil y honesto, y por esto el trabajo es un deber, pero al reverso de este deber del hombre es la obligación que tiene la sociedad de crear condiciones sociales de vida que permitan a los hombres el desarrollo de sus actividades”.[4])

Igualdad y libertad son términos que están íntimamente ligados y ambos explican el derecho al trabajo.

En los siglos de la esclavitud no pudo surgir la idea del derecho al trabajo ya que el esclavo era una cosa, que como tal no podía ser titular de derechos.

Cuando el aumento de la población provocó una mayor demanda de satisfactores, sin que creci8era el número de esclavos para producirlos y se agravó a la vez la condición de los no propietarios, los hombres libres se dieron en arrendamiento a fin de que los arrendatarios pudieran usar su energía de trabajo. Tampoco pudo existir en el sistema feudal de la servidumbre por ser esta una institución intermedia entre la esclavitud y el hombre libre.

Es el individualismo quien proporciona las bases de la doctrina del derecho natural y de los derechos del hombre como finalidad suprema de las instituciones políticas y jurídicas: Los hombres son por naturaleza libres e iguales, no obstante, al nacer son envueltos por las cadenas de la sociedad.

Hubo una época en la que los hombres vivieron en estado de naturaleza, de acuerdo con los principios de la idéntica libertad de todos y de la igualdad natural de los derechos, una época en la que no existía ningún poder sobre ellos y en el que se desconocía el dominio del hombre sobre el hombre. Cada hombre posee por el solo hecho de serlo un conjunto de derechos eternos e inmutables, por lo tanto inalienables e imprescriptibles que toman su fundamento en la naturaleza del hombre y de los que ningún ser humano puede ser despojado. Pero la vida conforme a la naturaleza desapareció con la creación de la propiedad privada. Al momento en que un hombre dijo “esto es mío” y excluyó de su uso a los demás, se perdieron la libertad y la igualdad. Si esta es la realidad dentro de la cual viven los hombres, es preciso, enseña Rousseau, encontrar una forma de sociedad en la cual el hombre, entregándose a todos, no se entregue en realidad a nadie, y permanezca tan libre como lo es de acuerdo a su naturaleza.

La igualdad sin la libertad no puede existir y ésta no florece donde falta aquella.

Como corolario de lo expresado en párrafos anteriores y siguiendo a Luis Recasens Siches [5]) “A diferencia del liberalismo moderno, toda concepción personalista o humanista postula la organización social no como un maximum de la libertad individual, sino en la defensa inexpugnable de aquel minimum de libertad que es proyección de la dignidad ética del individuo y de la autonomía del espíritu. Conforme a esta idea se puede admitir la limitación múltiple de la libertad en diversos ordenes, de acuerdo con lo que reclama la necesidad de la coordinación social, la garantía de las condiciones para que pueda ser un hecho efectivo la libertad fundamental del sujeto, las urgencias del bien común en determinado momento, etc.; pero en cualquier caso y sea el cual fuere el régimen que se adopte, se exige el respeto y la garantía de la libertad personal del sujeto”.

El derecho al trabajo o libertad de trabajo consistiría en que toda persona tendría derecho a que no se le impida trabajar en términos generales y a que no se le impida ejecutar un trabajo lícito, que haya obtenido, y para lo cual reúna los requisitos de integridad ética y de competencia técnica establecidos por las normas jurídicas positivas.

El trabajo es un deber ético, y es un principio lógico que el sujeto de un deber ha de tener el derecho de cumplirlo. Además el hombre necesita satisfacer una serie de necesidades de varia índole, lo cual puede hacer en la mayor parte de los casos solo mediante el producto de su trabajo.

En la historia del pensamiento humano el tema de la Justicia es común en todas las doctrinas y escuelas. En ellas se ha significado como en “Dar a cada uno lo suyo”.

Convienen todos en afirmar que la Justicia es un principio de armonía, de igualdad proporcional en las relaciones de cambio y en los procesos de distribución de los bienes pero, promover igualdad entre lo que se da y lo que se recibe o proporcionalidad en la distribución de ventajas y cargas, como bien lo señala Recasens Siches, implica, “la necesidad de poseer criterios de medida, es decir, pautas de valoración de las realidades que deben ser igualadas o armonizadas. La mera idea de armonía o proporcionalidad, o de dar a cada uno lo suyo, no suministra el criterio para promover esa armonía o proporcionalidad, pues no dice lo que deba ser considerado como “suyo” de cada cual.

Se puede estar de acuerdo en que se debe tratar igualmente a los iguales, y desigualmente a los desiguales, según sus desigualdades, pero al mismo tiempo se puede discrepar sobre cuales pueden ser los puntos de vista para apreciar las igualdades y desigualdades; es decir, se puede discrepar sobre lo que deba ser considerado como suyo de cada cual, sobre los puntos de vista axiológicos desde los cuales se deba enfocar esa tarea de armonización, de igualación proporcional, o que sirvan para determinar lo que debe ser considerado como suyo de cada cual”.[6])

La escuela del Derecho natural nos dice que la justicia se refiere siempre al derecho del otro que puede reclamarlo e imponerlo y dentro de los bienes objeto de la justicia se encuentra la libertad personal. Nikolai Hartmann considera la justicia como el valor objetivo de una ordenación jurídica, consistente negativamente en no atentar contra el derecho ajeno, no invadir la esfera de libertad de los demás, no causar daño a terceros, etc., en suma se relaciona con los mandamientos contenidos en la segunda tabla del Decálogo –no matar, no robar, no cometer adulterio, no rendir falso testimonio…- ; y consiste, además desde el punto de vista positivo, en las ideas de libertad de la persona y de igualdad.

John Rawls en su obra “Teoría de la Justicia” establece dos principios de justicia que dicen así:

1.- Toda persona tiene igual derecho a un régimen plenamente suficiente de libertades básicas iguales, que sea compatible con un régimen similar de libertades para todos.

2.- Las desigualdades sociales y económicas han de satisfacer dos condiciones. Primero, deben estar asociadas a cargos y posiciones abiertos a todos en las condiciones de una equitativa igualdad de oportunidades; y, segundo, deben procurar el máximo beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad.

Al referirse a las libertades básicas iguales del primer principio de justicia se especifican como sigue: Libertad de pensamiento y libertad de conciencia; las libertades políticas, la libertad de asociación, así como las libertades (freedoms) especificadas en la libertad física (liberty) y la integridad de la persona; y, los derechos y libertades que incluye el principio de legalidad (rule of law). No se otorga ninguna prioridad a la libertad como tal como si el ejercicio de algo denominado libertad tuviese un valor preeminente y fuese el principal, si no el único fin de la justicia política y social, presumiéndose que esto es lo contrario a la imposición de restricciones a la conducta – legales o de otro tipo – sin una razón suficiente.

Señala que a lo largo de la historia del pensamiento democrático se ha insistido en la consecución de libertades y garantías constitucionales y que la formulación de esas libertades básicas sigue esta tradición. Su pensamiento consiste en que la lista de libertades al integrarse en los dos principios de justicia señalados, puede llevar a las partes de la posición original a consensuar estos principios en vez de otros principios de justicia posibles alcanzados lo que denomina el “objetivo inicial” de la justicia como equidad. Este objetivo es “mostrar que los dos principios de justicia proporcionan una mejor comprensión de las exigencias de libertad e igualdad en una sociedad democrática que los primeros principios asociados a las doctrinas tradicionales del utilitarismo, del perfeccionismo o del intuicionismo. Son estos principios, junto a los dos principios de justicia las alternativas abiertas a las partes de la posición original una vez que se define ese objetivo inicial.

Una de las formas para delinear una lista de libertades básicas consiste en considerar qué libertades son condiciones sociales esenciales para el adecuado desarrollo y pleno ejercicio de las dos  potestades de la personalidad moral a lo largo de toda una vida, ligando a la libertad básica con la percepción de la persona utilizada en la justicia como equidad.

Dado que las diferentes libertades básicas están abocadas a entrar en conflicto, las reglas institucionales que definen estas libertades deben ajustarse en forma que encajen en un esquema de libertades coherente. Las libertades básicas llegan a obtener prioridad si son lo suficientemente importantes como medios institucionales esenciales para asegurar las condiciones básicas de un estado moderno.

Robert Nozick [7]) en su obra “Anarquía, Estado y Utopía”, citado por Dieterlen Paulette a propósito de la Justicia Distributiva, y de la libertad en sentido negativo nos dice que el único principio que no viola ningún derecho de los individuos es el de la titularidad que se expresa de la siguiente manera: “De cada quien como escoja, a cada quien como es escogido”. Argumenta que los individuos tienen o adquieren ciertas pertenencias que, si cumplen con los principios de la justicia en la adquisición, en la transferencia y en la rectificación, ni los otros hombres ni el Estado, pueden intervenir para quitárselos. Admitiendo tal razonamiento nos encontraríamos con el que, si me privaran de una ganancia para darle dinero a una persona discapacitada, esto violaría un derecho fundamentalmente mío, si el Estado promoviera un sistema de distribución, sería ilegítimo puesto que violaría los derechos de las personas al exigirles cargas fiscales injustas, de allí que no podemos aceptar la libertad solo en ese aspecto negativo, sino como Rawls lo hace, defender a la libertad en su sentido positivo y de esa manera darle sentido al segundo de los principios de justicia propuestos.

El segundo de los principios de la justicia, la noción de beneficio al menos favorecido se refiere a que la garantía de las libertades básicas es necesario pero no suficiente para que los individuos lleven a cabo sus planes de vida. Una sociedad que se rige por normas justas tiene que detectar al grupo menos favorecido para mejorar su situación. Esto se logra según Rawls con la distribución de los bienes primarios que nos permiten, por un lado, detectar al grupo menos favorecido, al que carece de ellos, y por otro a saber que distribuir, justamente dichos bienes siendo uno de ellos el de la libertad de movimiento y de elección de ocupación sobre un trasfondo de oportunidades diversas.

En este sentido al abordar el tema del Derecho del Trabajo como derecho consustancial al hombre, podemos afirmar que la libertad que se tiene a realizar el trabajo, entra en conexión directa con la de nuestros iguales que de la misma manera gozan de semejante potestad, y si a ello sumamos las nociones de funcionamiento y capacidades a las que se refiere dicho autor, la capacidad sería la posibilidad que tiene una persona de hacer y de ser, es decir, de funcionar en la vida,  y funcionamiento sería el elemento constitutivo de una vida, es el logro de una persona, lo que puede hacer o ser y la capacidad, es la libertad de una persona para elegir formas de vida alternativas.

Aún y cuando el derecho al trabajo se ha pretendido analizarlo partiendo de la doctrina del Iusnaturalismo, aunque no en su aspecto más radical no olvidamos que dicho concepto forma parte de los temas de los derechos sociales que fueron incorporados a los textos del Derecho Positivo. El trabajo en todas sus vertientes como derecho y deber social tiene cabida en las corrientes modernas del contractualismo y es preocupación del Estado en aras de satisfacer el interés general. Incorporar el derecho al trabajo con todo lo que ello implica, a los textos legales es materia de una política legislativa que no solo se agote en postulados que carezcan de eficacia por no reflejar en las normas la realidad social. Es menester darle iusnaturalidad al Derecho Positivo.


[1] ) Cueva Mario de la. El nuevo derecho mexicano de trabajo. Editorial Porrua XV edición. México 1998, Teoría de las relaciones de trabajo.

[2] ) Russomano, Mozart victor. “el empleado y el emperador”. Op. cit. “perspectivas actuales del derecho” Instituto Autónomo de México. I edición. 1991. México.

[3] ) Cuadernos Constitucionales México- Centro América 21, Jorge Adame Goddard,  Naturaleza, Persona y Derechos Humanos. 1996 Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, México.

[4] ) Novena Conferencia Internacional Americana 1948, Carta de la Organización de los Estados Americanos, Capítulo Normas Sociales. Bogota Colombia. Cit. Mario de la Cueva. El Nuevo Derecho Mexicano del Trabajo. Editorial Porrua XV Edición. México 1998. p.108.

[5]) Recasens Siches, Luis. “Tratado General de Filosofía del Derecho” Cuarta Edición.  Editorial Porrúa, México 1970, página 515.

[6]) Recasens Siches, Luis “Tratado General de Filosofia del Derecho” Cuarta Edición. Editorial Porrua, México 1970, Página 482.

[7] ) Nizick Robert “Anarquía, Estado y Utopia” Ob. Cit. Dieterlen Paulette, Ensayo Sobre Justicia Distributiva, Edit. Fontamara, México 1996, pág. 59.

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