Mensaje de Bienvenida
VI CONGRESO IBEROAMERICANO DE DERECHO DEL TRABAJO Y DE LA SEGURIDAD SOCIAL DE LA AIJDTSSGC
MENSAJE DE BIENVENIDA
Señoras y Señores Congresistas:
En mi condición de Presidente del Comité Organizador de este evento académico, es para mí un honor dar a ustedes la más cordial bienvenida, como trujillano y como peruano realmente me siento muy honrado con vuestra presencia.
Este VI Congreso de la Asociación Iberoamericana de Juristas de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social ‘Dr. Guillermo Cabanellas’, cumple con el legado que nos dejaran los doctores Guillermo Cabanellas (hispano-argentino) y Osvaldino Rojas Lugo (puertorriqueño), patriarcas ambos del juslaboralismo hispanoamericano, bajo cuya égida nos reunimos hoy.
Y qué hermoso que este certamen tenga por escenario nuestra ciudad de Trujillo, una de las primeras que España fundó en el Perú, junto a las ruinas precolombinas de Chan Chán, y la primera en proclamar la Independencia Patria. Qué hermoso que nos reunamos hoy en esta ciudad de Víctor Raúl Haya de la Torre, de Antenor Orrego y de Manuel Arévalo, histórica tríada de la fusión de los trabajadores manuales e intelectuales, que habrían de crear en nuestra América el paradigma de un movimiento de reivindicación para el Perú y para la América toda.
Fue en esta ciudad de Trujillo donde tuvieron inicio, en las primeras décadas del siglo pasado, las universidades populares destinadas a ilustrar a los obreros, a los hombres del campo y de la fábrica. Esas universidades populares que más tarde tomarían el nombre de un gran defensor de las clases trabajadoras: Don Manuel González Prada, el Maestro, el autor de “Horas de Lucha” y de “Páginas Libres”.
Esas universidades populares que Haya de la Torre, el líder de la Reforma estudiantil de los años 20, condenado ya a un injusto exilio por las tiranías de turno, en su viril defensa de los más necesitados, habría de ir creando a lo largo y ancho de nuestra América, convencido como el gran José Martí, que esta América nuestra, -la que empieza en el Río Grande, al norte de México y nos une hasta Chile y Argentina, en un solo haz de naciones fraternas-, esta América nuestra es una en el origen, es una en la esperanza, es una en el peligro.
Por su tradición reivindicativa e histórica, digno marco es pues éste de Trujillo para celebrar un Congreso inspirado en el pensamiento liberador, en la acción juslaborista del Dr. Osvaldino Rojas Lugo, quien con el Dr. Eduardo López Huailla y otros juristas de valía, crearon en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), en 1995, nuestra Asociación Iberoamericana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.
Asociación de juristas de la que nos sentimos verdaderamente orgullosos, por la nobleza y altura de sus ideales, que significan una lucha frontal contra todo tipo de injusticias; contra un sistema –el neoliberal, tema central del debate en el II Congreso de San Juan de Puerto Rico, del año 2001, a instancias del propio doctor Rojas Lugo. Pernicioso sistema que privilegia el crecimiento económico por encima de la justicia social. Como política económica, ha resultado un rotundo fracaso. Tal lo muestra la dura realidad que confrontan hoy nuestra América y el mundo, en general, cuando se busca –hay que decirlo- tan sólo producir cada vez más, sin tener otra mira que la del beneficio de la empresa, en desmedro de las protecciones legales para el trabajador, para el obrero, para el artesano y su familia.
Así, La Asociación Internacional de la Seguridad Social (AISS) estima que hoy en día, entre el 70 y el 80 por ciento de la población del mundo vive en un estado de “inseguridad social”. Esto es ya elocuente de por sí. La AISS reconoce la contribución de los sistemas de seguridad social a la estabilidad social y a la reducción de la pobreza. Las organizaciones internacionales han comprobado que la ampliación de la cobertura es no sólo asequible, sino que puede redundar en beneficios para la productividad económica misma.
No podemos vivir felices en un continente en que 250 millones de personas, de seres humanos -incluidos 76 millones de niños-, están al borde de la inanición: No podemos vivir tranquilos y en paz, en países como el nuestro —tal lo dijo el sabio italiano don Antonio Raimondi— que son, lastimosamente, “mendigos sentados en un banco de oro”…!
Tampoco podemos vivir indiferentes en países de inestabilidad laboral tan grave; en países en que hombres y mujeres, jóvenes y adultos, deben emigrar a otras naciones en pos de mejores condiciones de vida, indispensables pero imposibles de hallar en la propia tierra que los vio nacer. Pensar que 500 mil peruanos hayan tenido que salir a la Argentina y 300 mil a Chile –otro país hermano- en pos de un trabajo digno, aunque sin ley que los proteja!
Recordemos que integramos un continente de ingentes riquezas naturales, que debiera dar trabajo –trabajo digno- a todos. Infortunadamente son riquezas, las nuestras, no destinadas al bienestar y la felicidad de los nuestros. Desde hace siglos, decir en Europa “¡Vale un Perú!”, era lanzar una frase proverbial que incitó a gentes de todos los continentes, de todas las razas y clases sociales, a venir a “hacer la América”, esto es: a enriquecerse. Pero a enriquecerse a costa del hambre, la miseria y la muerte de muchos…
Un sistema de injusticias, hoy tan acentuadas por la crisis de una deshumanizada globalización, que ha conducido a nuestras clases trabajadoras a sentir más duramente el flagelo del desempleo a nivel mundial, sin que haya país que pueda sentirse a salvo, o a cubierta. Sólo en China, un país de tradición socialista, el “tsunami” de la crisis norteamericana ha dejado a su paso más de 20 millones de desocupados.
Reciente Informe de las Naciones Unidas (de octubre 2009) afirma que a causa de la recesión actual más de cien millones de personas se suman hoy a los 1,020 millones de indigentes que sufren hambre en el mundo. Sin pecar de pesimistas, es fácil percibir en nuestro mundo de hoy un embotamiento de la sensibilidad, una indiferencia ante la violencia y la muerte, ante la explotación del hombre por el hombre, ante la miseria y el hambre de millones de seres, de hermanos nuestros, a quienes se les extorsiona económicamente, o se les mata y asesina con impunidad.
No hace mucho hemos volteado ya la página de un siglo de historia —el siglo XX— el siglo más violento y más cruel de todos. El mundo asistió con horror, en ese solo siglo, a dos crudelísimas guerras mundiales, con el trágico saldo, en la primera (años 1914 a 1918), de diez millones de muertos y más de diez millones de seres invalidados de por vida. Y en cuanto a ocupación laboral, sólo en Gran Bretaña, más de dos y medio millones de trabajadores sin puesto y en las calles…!
Tras la catástrofe económica y financiera que significó el crack de la Bolsa de Nueva York de 1929, nos vino la segunda guerra mundial (1939 a 1945). Trajo un monto mayor de muertos y de víctimas irrecuperables: el genocidio infame de 50 millones de seres; el saldo trágico de cuantiosas pérdidas económicas, de ciudades destruidas, arrasadas con ferocidad… Y otra vez, en las calles, junto a los mutilados de la guerra, y los escombros de monumentos y catedrales, centenares de millones de obreros sin trabajo…!
Desde esta ciudad de Trujillo del Perú —convertida por 3 días en la capital Iberoamericana del juslaboralismo y la protección social—, queremos reiterar el propósito firme de nuestra lucha infatigable en la permanente búsqueda de un mundo mejor y más humano; e infatigables también en la lucha por una genuina justicia social, y por la unidad perenne de nuestros pueblos latino o iberoamericanos.
Luchamos por una unidad que tenga como premisas incontrovertibles la justicia y la paz. El insigne mexicano Benito Juárez lo dijo en pocas y sabias palabras: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
¡Cuánto dinero se derrocha en nuestros pueblos indoamericanos, que por la sangre y el espíritu, no son sino una sola nación! Millones de dólares en la prosecución de una carrera armamentista, que no tiene freno y sólo beneficia a otros, y es un contrasentido de la historia; una carrera armamentista que si enriquece a fabricantes de esas armas genocidas, despoja de dinero, de trabajo y de pan, hace perecer de hambre y de miseria a millones de seres humanos… Una carrera armamentista a contrasentido de la Historia, porque si la guerra como quería Marx, es: “la partera de la Historia”, la guerra será en nuestros tiempos —para decirlo en palabras de Haya de la Torre—, “la sepulturera de la Historia”. Palabras avaladas por el propio Einstein, “el genio del siglo XX”, el padre de la bomba atómica que destruyó Hiroshima y Nagasaki en fracciones de segundo, el ilustre sabio que, en la hora final del arrepentimiento, hubo de declarar: “O la humanidad acaba con la bomba atómica, o la bomba atómica, acaba con la humanidad.”
Sí, apostemos por la vida, no por la muerte! Que nuestros hijos, nuestros descendientes, no sientan el terror de una guerra futura entre Chile y Perú, entre el Perú y Ecuador, entre Ecuador y Colombia, etc.
Somos pueblos hermanos. Circula por nuestras venas la misma sangre, sangre mestiza, heredera de dos grandes y maravillosas civilizaciones: la sangre de esa “raza cósmica” de que hablaba Vasconcelos, el filósofo mexicano. Integramos esta América morena, de la que dijo Rubén Darío el nicaragüense insigne, que: “Aún reza a Jesucristo y aún habla en español…” Hablamos el mismo idioma, profesamos la misma fe, compartimos el mismo suelo… Un rico suelo del que dijo Garcilaso Inca de la Vega, hace ya 500 años : “Y con ser la tierra tan rica y abundante de oro y plata, y piedras preciosas, como todo el mundo sabe, los naturales de ella son la gente más pobre y mísera que hay en el Universo…”
Y en este ancho y maravilloso continente, no hay mayores barreras entre nosotros, ni odios que nos dividan, como los hubo en Europa —hoy “la Unión Europea”—, esa magnífica realidad, que, venciendo odios y resquemores de ayer, esos nacionalismos estrechos y sin sentido, se ha hermanado, y nos confirma que sólo “la Unión es la Fuerza”.
Vivimos hoy en “la Era de los Pueblo-continentes”. Sólo los grandes podrán sobrevivir. Los Estados Unidos recibieron el legado indio de su unión, en momento decisivo. Son hoy una nación poderosa, dueña de 50 Estados. La China es poderosa también. Comprende 56 nacionalidades. Es un pueblo “Pueblo-continente” de 1,350 millones de habitantes; como la India, con su población de más de mil millones. O la Unión Europea con sus 400 millones de pobladores. Y “Pueblo-continentes” son los Países árabes, África unida y el Sudeste asiático…
En este “Siglo de la Cuenca del Pacífico”, cuando comercialmente hablando, el Atlántico ha pasado ya a la Historia, ¿qué podrán nuestras pequeñas repúblicas latinoamericanas, divididas, enemistadas? ¿Qué podrán nuestras naciones impotentes y débiles, endeudadas y embarcadas, como hemos dicho, en una alocada carrera armamentista de billones de dólares?
Debo concluir: “Pueblo-continente” es un término —como ustedes bien saben— ya universalmente aceptado, que nació acá en nuestra ciudad de Trujillo, en los terribles años de una Revolución obrera —la de 1932—, que tuvo el trágico saldo de más de cinco mil víctimas. Dio título a un libro: “Pueblo-Continente” (Santiago de Chile, 1939). Se haría conocido a partir de entonces —siete años más tarde, hace ya 70 años—, cuando apareció impreso en el hermano país del Sur.
Había sido mecanografiado, en las sombrías circunstancias de la persecución política, por un obrero, por un mecánico de profesión, el mártir Manuel Arévalo. El autor del libro, ya lo sabemos, era Antenor Orrego (1892-1960), patrono de esta Universidad, a cuya generosa sombra nos cobijamos hoy. Antenor Orrego, el filósofo de “Pueblo Continente” y de “Hacia un Humanismo Americano”; el maestro de César Vallejo y de Víctor Raúl Haya de la Torre, de Alcides Spelucín y de Francisco Xandóval; de Oscar Imaña y de quienes integraron esa brillante pléyade de escritores y artistas, a quienes hoy el mundo conoce como “El Grupo Norte” de Trujillo.
Generación condigna del pensamiento y la acción de los Dres. Guillermo Cabanellas (hispano-argentino), Osvaldino Rojas Lugo (puertorriqueño), de Eduardo López Huailla (boliviano), y de Luis Aparicio Valdez (peruano), éstos tres últimos co-fundadores de nuestra querida Asociación Iberoamericana de Juristas, a quienes rendimos hoy el homenaje de nuestro recuerdo y de nuestra más alta admiración.
Así las cosas, en nombre del Comité Organizador de este “VI Congreso Iberoamericano de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la AIJDTSSGC” doy a ustedes la más cordial bienvenida, formulando los más sinceros votos por el éxito de nuestro Congreso.
Muy agradecido,
DR. JOSÉ RAMIRO FERRADAS CABALLERO
Presidente del Comité Organizador del
“VI Congreso Iberoamericano de Derecho del Trabajo y
de la Seguridad Social de la AIJDTSSGC, Trujillo-2009”
