Declaración de Chihuahua

Asociación Iberoamericana de Juristas de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social ‘Dr. Guillermo Cabanellas’ (AIJDTSSGC)

contando con el aval de la

Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y la Previsión Social (AMDTPS)

y de la

Academia Mexicana de Derecho de la Seguridad Social (AMDSS)

«Primer Congreso Mundial y VIII Congreso Iberoamericano del Trabajo y la Seguridad Social»

Chihuahua, Chih., México, del 9 al 12 de Octubre de 2012

«Declaración de Chihuahua»

~ Honorables Miembros de Número de la AIJDTSSGC, la AMDTPS, y la AMDSS:

~ Señoras y Señores Congresistas:

Tras las intensas jornadas de trabajo académico desplegadas durante los días 10, 11 y 12 de octubre de 2112, por Conferencistas y Panelistas nacionales e internacionales provenientes de los 5 continentes, tal y como ya es costumbre desde que la Asociación Iberoamericana de Juristas de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social ‘Dr. Guillermo Cabanellas’ (AIJDTSSGC), iniciara actividades en el año de 1995, nuestra organización académica, tras el cierre formal de sus labores y tomando en cuenta los 4 ejes temáticos en él abordados, por este medio fija formal postura acerca de las tareas desarrolladas en este «Primer Congreso Mundial de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social» y, paralelamente desarrollado a aquél, nuestro «VIII Congreso Iberoamericano de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social».

De igual manera, tras haber participado activamente desde mediados del año 2011 como convocante a este magno evento académico, la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y la Previsión Social (AMDTPS), organización académica de enorme prestigio nacional con más de medio siglo de fructífera existencia, al igual que lo hiciera luego la hermana Academia Mexicana de Derecho de la Seguridad Social (AMDSS), ambas por Acuerdo colegiado de su Directiva, también hacen suyo este pronunciamiento, que avalan los representantes de todas las organizaciones académicas que participaron en el Programa. Así las cosas, acto seguido se emite la siguiente:

«Declaración de Chihuahua»

1. En materia de Ética en los Negocios.

Toda relación humana exige un comportamiento que permita que ésta fluya de manera positiva; que las personas mantengan su conducta dentro de los parámetros de buena fe en su actuar. Es innegable que en las relaciones laborales, los intereses encontrados entre capital y trabajo, en ocasiones desvían el comportamiento hacia rumbos distintos de los paradigmas sociales, por lo que deben fortalecerse los conceptos derivados de la ética como la mejor forma de armonizar los intereses contrapuestos. Patrones y trabajadores no son más enemigos históricos, habrá que entenderlo; son, y deben seguir siendo, aliados en la producción de bienes o de servicios y en la construcción de un país más fuerte, más unido y sobre todo más justo.  

Sólo el comportamiento ético nos garantiza que las relaciones laborales estén basadas en la buena fe, principio esencial éste de toda relación jurídica que obliga a las partes a anteponer, a los intereses personales, los intereses de la comunidad, en modo tal que permitan salvaguardar las fuentes de empleo que son indispensables

para que el trabajo, como generador de riqueza, pueda cumplir a cabalidad con su propósito.

2. En cuanto a la Cultura Laboral de hoy y del futuro.

Las nuevas formas de vida en la llamada “sociedad del conocimiento” en esta era de la información resultado de las nuevas tecnologías de la comunicación humana, han obligado a la mayoría de las sociedades contemporáneas a la incorporación de inéditos modos de producción de bienes y servicios, creándose entonces, mediante estos procesos innovadores, nuevos modelos de relación entre el Estado, las Instituciones y los actores sociales del empleo: capital y trabajo.

Ello obliga a rediseñar las relaciones laborales a partir de las nuevas economías de mercado de este mundo globalizado e híper-tecnologizado, sin que se pierda de vista nunca en los procesos de productividad, el factor humano que es clave; porque el trabajo es un derecho humano y no una mercancía, en tanto que los derechos de los trabajadores son inalienables e irrenunciables, en razón de su propia naturaleza intrínseca.

Entonces, tanto hoy como con miras el futuro, el gran reto humano será encontrar fórmulas equilibradas y justas que generen una genuina cultura laboral intergeneracional, capaz de armonizar a

patrones y trabajadores mediante la actuación proactiva del Estado, haciéndolo en modo tal que se garantice a la clase trabajadora el bienestar personal y familiar y para que, en simple reciprocidad, los operarios coadyuven en la medida de sus capacidades a generar riqueza nacional al ser tratados con equidad y justicia.

3. Acerca del Sindicalismo Actual.

La libertad de asociarse es un derecho fundamental, y ésta misma razón explica la existencia de la asociación profesional, de los sindicatos de trabajadores y/o patronales, es decir de los pares cuyo principal propósito es la defensa de los intereses que les son comunes, regidos siempre todos ellos por sus propios Estatutos.

Por obvias razones de diversa índole, las relaciones laborales son distintas a las de antaño y, en consecuencia, los actores e interlocutores sociales que en ella intervienen también los son; los requerimientos de la productividad para alcanzar un mejor posicionamiento global innovador han cambiado  debido a que cada vez son más complejas estas relaciones sociales y por el natural equilibrio de fuerzas que se requiere para lograr una mejor relación y mayor justicia. Por supuesto que también son mayores las exigencias planteadas por la compleja competitividad global.

La libertad sindical, ya se sabe, es una meta de la OIT desde mediados del siglo XX, por lo que a más de seis décadas y en un

mundo distinto, el sindicalismo actual debe readecuarse tanto en sus propósitos como en sus estructuras y operación cotidiana futura, sin perder su esencia en esa difícil labor de sintonía con la dura realidad económica del siglo XXI, convirtiéndose en interlocutor social en las políticas nacionales para seguir siendo el medio ideal de defensa de los auténticos intereses de sus agremiados, insertándose así a los nuevos tiempos laborales que exigen mayor corresponsabilidad social.

4. Respecto del Derecho del Trabajo y el de la Seguridad Social de los trabajadores informales y migrantes.

Realidades lacerantes tales como la pobreza y el desempleo, son problemas de los cuales surgen dos inquietantes fenómenos que hoy día ocupan todos los escenarios a nivel mundial: la migración laboral y el trabajo informal, lo que no pocas veces van juntos.

Ambos fenómenos envuelven a millones de personas que no han encontrado, en sus países de origen, alternativas para enfrentar el gravísimo problema de la pobreza y la falta de oportunidades, y que si bien por esta vía resuelven lo básico, se encuentran casi siempre desprotegidos debido a la absoluta carencia de derechos laborales esenciales como lo es un empleo decente, un trato digno, junto a la imposibilidad de acceso a los mecanismos protectores de la seguridad social. Esta desprotección en materia de seguridad socialentendida aquí como derecho humano inalienable e irrenunciable, según informa la OIT alcanza al ochenta por ciento de la población mundial.

Sin embargo, sucede que todo mundo trabaja, aunque no todos lo hacen con empleo formal. Nos guste o no, lo reconozcamos o no, lo cierto es que los trabajadores informales, inmersos como están en la economía informal o subterránea, participan de manera importante en el mercado de consumo y, a su vez, contribuyen a fortalecer la economía nacional pese a carecer de registro fiscal. De suyo, en muchos países del planeta, son más los trabajadores informales que los trabajadores formales registrados por el Estado.

Dicha labor de supervivencia, contrario a lo que prejuiciosamente se piensa, fortalece las economías nacionales y aun así, ellos carecen de derechos laborales y seguridad social elemental; es un deber ineludible de los Estados nacionales atenderles, en vez de ignorarles, porque los auto-ocupados también tienen derechos humanos que deben serles respetados. Más aún, por razones de seguridad nacional toca al Estado la prioritaria tarea de que no se esconda, en el trabajo informal, el crimen organizado que tanto flagelo causa a la humanidad.

Por otra parte, los trabajadores migrantes son también un tema de enorme actualidad y preocupación de los propios Estados receptores. Los históricos e imparables flujos de seres humanos en busca de nuevas oportunidades que implícitamente sus países de origen les han negado, es cosa común en todas las épocas y en todos los confines del planeta, siendo ésta una respuesta a la necesidad de mitigar el hambre al buscar mejores opciones de vida para ellos y sus familias.

Así, las políticas públicas inteligentemente diseñadas, deben atender este fenómeno global de la migración laboral, viéndole no como un problema de fronteras o de nacionalidades sino como un efecto propio de problemas sociales estructurales no atendidos adecuada y oportunamente; el derecho a la sobrevivencia es connatural a los seres humanos y, en todo caso, para regular mejor a la sociedad global, la ciencia del Derecho debe también globalizarse.

«Honrando el pensamiento unificador del Dr. Guillermo Cabanellas.»

Chihuahua, Chih., México, a 12 de octubre de 2012.

DR. ÁNGEL GUILLERMO RUIZ MORENO

~ Presidente de la AIJDTSSGC y la AMDTPS.

~ Director de Relaciones Internacionales de la AMDSS.

Nota pertinente:

Hemos dedicado este «Primer Congreso Mundial de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social» a tres distinguidas personalidades del mundo jurídico laboral:

~ Al Dr. Osvaldino Rojas Lugo, Juslaboralista notable, luchador social oriundo de Puerto Rico, y fundador en 1995 de la AIJDTSSGC. In Memoriam.

~ Al Dr. Guillermo Hori Robaina, alma de la AMDTPS y su Presidente nacional durante 40 años. Con la enorme gratitud de la Membresía de Número.

~ Al Dr. Roberto Antonio Rubio Unibe, juslaboralista de Chihuahua, y gestor fundamental en la realización de este Congreso Mundial (su sueño ya cumplido). ¡Mil Gracias por la idea y por el esfuerzo, querido hermano Roberto!

«BASES CONCRETAS DEL PRONUNCIAMIENTO EFECTUADO»

Primera. El Derecho del Trabajo atraviesa a inicios de la segunda década del siglo XXI, por momentos muy complicados debido a una serie de factores de índole político, económico, social y cultural. Las nuevas formas del trabajo, basadas en la híper tecnología en esta era del conocimiento que transformara la producción de bienes y servicios, nos anuncian de manera inquietante que la época del llamado “pleno empleo” se ha ido para no volver.

Las regulaciones laborales se han mostrado incapaces para modificar las inercias observadas en la realidad, y es entonces cuando surge la idea de que todos tenemos compromisos por cumplir, incluida la OIT, quien debería enfocar la problemática presente y futura del empleo de una manera más proactiva que reactiva.

Segunda. La «Declaración del Milenio», aprobada en septiembre 2000 por los líderes del mundo, fijó el compromiso de trabajar conjuntamente para construir un mundo más seguro, próspero y equitativo.

Los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, —que se desglosan en 21 metas cuantificables, medidas a través de 60 indicadores acordados—, fueron establecidos para acometer tareas fundamentales sobre pobreza, hambre, mortalidad materna e infantil, enfermedad, vivienda inadecuada, desigualdad de género, degradación del medio ambiente y la denominada “Alianza Mundial para el Desarrollo, se basan primordialmente en que los individuos cuenten con un empleo decente, productivo e inclusivo.

Tercera. Una década después de la «Declaración del Milenio», ha habido avances importantes junto a contratiempos significativos, porque aunado al fenómeno del desempleo que reflejara la crisis financiera conocida como La Gran Recesión de mediados del 2008, ésta ha provocado una desaceleración económica de larga duración que amenaza los objetivos planeados ante la falta de compromiso político dirigido a una recuperación basada siempre en el desarrollo sostenible y equitativo.

El Pacto Mundial para el Empleo de la OIT es una herramienta política para acelerar una recuperación con alto coeficiente de empleo al estimular la demanda laboral, establecer un piso básico de protección social mundial y promover el empleo. Sin embargo, los compromisos aún no cumplidos son:

Erradicar la pobreza extrema y el hambre 

Lograr la enseñanza primaria universal

Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer

Reducir la mortalidad de los niños

Mejorar la salud maternal

Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades

Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

Fomentar una alianza mundial para el desarrollo

Cuarta. El empleo productivo y el denominado trabajo decente son elementos fundamentales para alcanzar una globalización equitativa y la reducción de la pobreza. El trabajo decente se logra a través de la aplicación de sus cuatro objetivos estratégicos, que son: a) creación de empleo, b) derechos en el trabajo, c) protección social, y d) diálogo social; todo ello con la igualdad de género como objetivo transversal.

No obstante, desde inicios del siglo XXI la OIT ha constatado que 8 de cada 10 nuevas ocupaciones se crean en el sector informal de la economía, y eso constituye acaso el reto mayor de los países en este siglo, toda vez que detrás del trabajo informal suele esconderse el crimen organizado, quien se aprovecha de la necesidad de los individuos y el palpable abandono del Estado de estos millones de infortunados seres humanos, quienes para sobrevivir se ven forzados a realizan labores de simple supervivencia sin contar siquiera con protección social alguna. Diagnosticar y combatir los problemas de raíz debe ser la tarea prioritaria mundial a acometer.

Quinta. Fundamental resultará la sinergia alcanzada mediante la cooperación y el diálogo social entre los gobiernos nacionales, las organizaciones de empleadores y las de los trabajadores, con objeto de fomentar el progreso social y económico. El diálogo entre el Gobierno y los dos “interlocutores sociales” promueve los consensos y la participación democrática de los actores clave del mundo del trabajo, y puede significar negociación, consulta o intercambio de información y opiniones.

Por cierto, México se encuentra ahora mismo en el proceso legislativo de aprobación de una reforma estructural a su legislación laboral interna; empero, el dialogo social previo sencillamente no existió, siendo ello un grave precedente que rompe con los lineamientos sugeridos por la OIT y deslegitima socialmente la eventual reforma aprobada.

Sexta. Debe hacerse especial énfasis en todo el planeta por conseguir una justicia social en una globalización equitativa. De hecho, debemos recordar que son tres las Declaraciones de la OIT, que han marcado un rumbo trascendente en todo el planeta en materia del empleo:

La mítica «Declaración de Filadelfia», de 1944;

La «Declaración de Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo», de 1998; y,

La «Declaración sobre la Justicia Social para una Globalización Equitativa», de 2008.

Con esta última, los 182 Estados Miembros de la OIT subrayaron la contribución al progreso y la justicia social en el contexto de una economía globalizada, e institucionaliza además el concepto de trabajo decente, desarrollado desde 1999, ubicándolo como objetivo prioritario al ponerlo en el centro de las políticas laborales.

Séptima. La promoción del empleo digno es también un objetivo central ante el surgimiento constante de empleo precario de corta duración, sin prestaciones ni seguridad social incluida. Sin empleo productivo será imposible lograr el objetivo de alcanzar niveles de vida dignos, integración social y económica, y desarrollo personal y social; finalmente, en un mundo de economía globalizada, el mercado local, regional y mundial requiere de compradores.

En cuanto atañe al trabajo digno, éste fenómeno también se presenta en el sector informal de la economía; atendiendo el crecimiento exponencial de éste, debe procurarse una política de Estado enfocada a disminuir la informalidad laboral.

Octava. El mejoramiento de las condiciones de trabajo es uno de los principales objetivos pendientes de acometer. Por un aparte, a pesar que hay aumentos salariales en numerosos países, muchos trabajadores aún ganan muy poco y tienen dificultad para hacer frente a sus necesidades básicas; por la otra parte, las condiciones de trabajo peligrosas o poco higiénicas tienden a desaparecer en el mundo industrializado, pero aún son frecuentes en el mundo en desarrollo.

Para muchos países la era industrial ya es cosa del pasado y viven en la “era del conocimiento” en un mundo post-industrial. Sin embargo, otros apenas están entrando en la era industrial con enorme atraso. El mundo es pues desigual, y las políticas laborales deben ajustarse exactamente a las condiciones de cada país, ofreciendo un tratamiento diferenciado en todos los casos, acorde a la historia, economía, políticas públicas e idiosincrasia nacional.

Novena. Acerca de la seguridad del empleo, hoy día los gobiernos enfrentan el desafío de regular un mercado laboral que evoluciona rápidamente en el contexto de una economía globalizada.

El dilema es aprobar una mayor flexibilidad frente a lo que con frecuencia es presentado como rigidez del mercado laboral —es decir, protección y legislación del empleo, poder de negociación de los sindicatos, sistemas de bienestar generosos y altos impuestos al trabajo—, o inclinarse por un modelo de “flexiguridad” que propone nuevas maneras de equilibrar la flexibilidad y la seguridad en relación al empleo, los ingresos y la protección social.

Décima. La OIT ha concluido que el comportamiento del empleo será insatisfactorio si no hay empresas competitivas capaces de ajustar su fuerza de trabajo a las condiciones del mercado.

Sin embargo los altos niveles de flexibilidad no resolverán el problema por si solos, a menos que los trabajadores tengan suficiente seguridad sobre sus empleos e ingresos, a través de recontratación intensiva, programas activos del mercado laboral, y respaldo de sus ingresos, lo cual podría motivarlos a aceptar mayor movilidad y flexibilidad, y a facilitar su adaptación. El diálogo entre gobiernos, trabajadores y empleadores para discutir estas políticas laborales, es esencial para poner en marcha modelos de “flexiguridad”.

Décima primera. El desarrollo económico y social es todavía una asignatura pendiente de resolver. Casi la mitad de la población del mundo vive con menos de 2 dólares al día, y en demasiados lugares el hecho de tener un trabajo no es ninguna garantía de que será posible salir de la pobreza; la crisis mundial del empleo es uno de los riesgos más grandes para la seguridad en estos tiempos, ya que de seguir este rumbo se corre el riesgo de tener un mundo más fragmentado, proteccionista y confrontado.

Así las cosas, la persistente escasez de oportunidades de trabajo decente, aunado a inversiones insuficientes y el bajo consumo, provocan una erosión del contrato social sobre el cual se asientan las sociedades democráticas en las que, evidentemente, el progreso en todos so órdenes debe beneficiar a todos.

Es necesario entonces realizar cambios en instituciones, leyes, reglamentos y prácticas, que son parte del inequitativo e injusto proceso que genera y perpetúa la pobreza.

Décima segunda. La propia OIT reconoce que cientos de millones de personas son víctimas de la discriminación en el mundo del trabajo. Por desgracia la discriminación se da por razones de raza, género, edad, nacionalidad, preferencias políticas o sexuales, por enfermedad o discapacidad, de diversas maneras pues.

Los temas relacionados con la discriminación están presentes en todo tiempo y lugar, pues la no discriminación es el principio más importante del repertorio de recomendaciones prácticas en el mundo del trabajo. Esto en la práctica viola esencialmente derechos humanos fundamentales y, además, tiene profundas consecuencias económicas y sociales. Por lo tanto, combatir la discriminación es un componente esencial del trabajo decente, y los logros obtenidos repercuten mucho más allá del lugar de trabajo.

Décima tercera. El empleo de mujeres y de jóvenes, junto a la abolición del trabajo infantil y otras formas de explotación, deben estar siempre en el objetivo prioritario a alcanzar por todas las naciones del mundo. Así, la equidad plena e igualdad de salarios entre el trabajo de hombres y mujeres; el complejo tema del empleo juvenil donde los jóvenes tienen tres veces mayores probabilidades de estar desempleados que los adultos y más de 75 millones de jóvenes en el mundo están buscando trabajo; y desde luego el terrible problema humano de la niñez forzada a laborar en condiciones de altísima precariedad, porque cerca de 215 millones de niños trabajan en el mundo y muchos de ellos lo hacen a tiempo completo, sin ir a la escuela y negándoseles la oportunidad de ser niños, deben ser pues los tres grandes objetivos a conseguir de manera urgente en esta segunda década del siglo XXI por todos los países del orbe. Porque una injusticia en alguna parte, es una injusticia en todas partes.

Décima cuarta. La migración laboral es otro fenómeno de calado mundial que no ha podido ser resuelto. Si todos quienes han debido migrar al ser expulsados de sus países por la falta de oportunidades laborales decorosas, vivieran juntos, formarían el quinto país más poblado de la tierra. Y durante las próximas décadas se espera un aumento acelerado en el número de personas que migran y cruzan las fronteras en busca de empleos y seguridad, debido a que la globalización no ha logrado producir suficientes oportunidades laborales y económicas.

La OIT considera que el mundo enfrenta el desafío de contar con las políticas y los recursos necesarios para gestionar mejor la migración de trabajadores, para asegurar el bienestar de estas personas y para que se beneficien tanto la sociedad de origen como la receptora.

Décima quinta. Con respecto de la seguridad social, sólo 20 por ciento de la población mundial tiene una protección social adecuada, y más de la mitad no tiene ninguna cobertura. La extensión de la seguridad social a todos los miembros de la sociedad es una tarea inexcusable, sea que labore o no, sean personas productivas o improductivas.

La seguridad social implica acceso a la asistencia médica y garantía de ingresos, en especial en caso de vejez, desempleo, enfermedad, invalidez, accidentes en el trabajo o enfermedades profesionales, maternidad, o pérdida del principal generador de ingresos de una familia.

En un contexto tanto complicado como el actual, el denominado «Piso Básico de Protección Social», lanzado en 2009 y apoyado por múltiples organismos internacionales, se basa en la idea de que todas las personas deberían gozar de una seguridad básica de ingresos suficientes para vivir, garantizada a través de transferencias monetarias o en especie como las pensiones para los ancianos o las personas con discapacidad, las prestaciones por hijos a cargo o de apoyo a los ingresos, así como las garantías y servicios relativos al empleo. En muchos sentidos, la fuerza del «Piso Básico de Protección Social» reside en su sencillez y su sostenimiento solidario vía erario, que aseguren a toda persona acceso a bienes y servicios esenciales, incluidos servicios básicos de salud, nutrición adecuada, educación primaria, vivienda, agua y saneamiento, y una pensión garantizada.


Así las cosas, la AIJDTSSGC, junto con la AMDTPS y la AMDSS, establecen con base en estas 15 bases pre descritas, como fruto de los trabajos académicos efectuados en este Congreso Mundial en el cual participaran 50 Conferenciantes y Panelistas nacionales e internacionales, y alrededor de 3,500 Congresistas, el sustento académico y jurídico de esta «Declaración de Chihuahua», con objeto de que la misma sea difundida públicamente en todos los ámbitos académicos en que su Membresías de Número tenga representación y/o participación.

«Honrando el pensamiento unificador del Dr. Guillermo Cabanellas

DR. ÁNGEL GUILLERMO RUIZ MORENO.

Relator / Redactor

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